
Carta a
mi hijo sobre Europa
"Y
ahora, para concluir, volviendo a nuestro Occidente, quiero
decirte, hijo, que tú, desde tu corazón fiel de español
universal, y sin dejar de mirar a la Hispanidad, mira también a
Europa; o, mejor, mírate en ella, que es como una gran patria en
la que la nuestra está incluida y tú con ella. Vivimos en el
mundo; pero Europa, además de ser nuestro mundo más próximo, es
el corazón del universo: el eje diamantino de su inteligencia,
su sensibilidad, su cultura; aunque ahora no sea ya el eje del
poder.
Esta limitada e ilustre área de la
tierra que se dibuja desde Grecia hasta España, pasando por Roma
y por Germania y por las Galias y por Britania; esa pequeña
área, es como una magna acotación histórica que reúne la máxima
condensación y gradación espiritual del planeta, Cabeza de la
Cristiandad, de donde emana el supremo saber de salvación.
Europa ha inventado y está inventando todo cada día: la Belleza,
la Ciencia, el Amor, el Arte, la Virtud…; ella es la luz
occidental que alumbra toda civilización. Y tú, pequeño español
de Europa, hijo mío, debes saber que en ella se apoyan
sólidamente tus espaldas; que de su inmenso tesoro inefable
-jalonado de una pléyade de nombres de oro: Platón, Dante,
Descartes, Shakespeare, Cervantes, Miguel Ángel, Velásquez,
Mozart, Beethoven, Goya…- se alimenta la riqueza de tu espíritu
y que de su sabia antigüedad es de donde viene la solera misma
de tu alma. La que, sobre el saber concreto a que al cabo arribe
tu vida de estudiante, pondrá el tacto, la gracia, la
profundidad, la claridad, la sobriedad de su estilo del vivir;
el pascaliano “esprit de finesse” y la humanísima ironía de tu
otro compatriota Miguel de Cervantes. Cosas todas que ahora
apenas si entiendes, pero que mañana, cuando te hayas hecho de
veras hombre reconocerás con orgullo de europeo en tu corazón."
Gaspar Gómez
de la Serna
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